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martes, 11 de diciembre de 2012

Y SI SOY YO LA QUE LE CAMBIA... ASÚMELO NO LO ERES


Un día conocí a un chico que me dijo que no quería compromisos. ¿Qué hice? No creerle. ¿Por qué? Porque soy una tía.


Las chicas estamos tan acostumbradas a dar rodeos, decir medias verdades, intentar hacernos las duras que por mucho que nos lo digan claramente no nos lo creemos. Estamos convencidas de que nosotras somos las que conseguiremos cambiarlo. ERROR!!

Asumámoslo, cuando eres tan súper especial, los tíos no son gilipollas y se dan cuenta ellos solitos. No te dejan escapar y sobre todo, son mucho más simples que nosotras. No necesitan jueguecitos, si les gusta dejan que la historia fluya y punto. ¿Que existe un caso de una tía a la que una vez un chico le dijo que sólo quería rollo y acabaron casados y con 7 niños? Es probable, pero también hay autobuses que atropellan a gente en los pasos de cebra y no por ello vivo atormentada a morir aplastada por un gigante de la EMT cada vez que cruzo la calzada ¿no?

Decirme, ¿cuántos chicos heterosexuales de 15 años conocéis con problemas por una factura alta de teléfono? En el caso de las niñas de 15 son casi todas. A las chicas nos encanta revivir cada uno de los momentos que vivimos junto al galán de turno y nos ocurre desde la adolescencia. Con cada una de las relaciones que he vivido debería de multiplicarse por lo menos por 3 el tiempo que les he dedicado, respecto al de mi acompañante masculino.

Por un lado, está el tiempo que empleo en la propia cita, por otro, el que gasto en rememorarlo en mi cabeza que no es poco. Sobre todo al que más horas le dedico es a analizar enésimas veces cada uno de los movimientos, palabras y gestos que se han sucedido durante la cita para mis amigas. Lo cierto es que yo soy especialmente pesada, soy consciente de ello. Para eso tengo un blog, así alivio la carga de mis pobres amigas y unos desconocidos sufren de mis traumas neuronales. En cualquier caso, incluso la más cuerda de las mujeres le dedicará a la cita un 150 % más del tiempo que el hombre. Aun no lo han estudiado en Harvard pero os lo digo yo que soy igual de sabia. El estudio dentro de nada estará en una revista mega científicamente importante. Y si no, tiempo al tiempo.

Seguro que ahora pensáis que os voy a decir algo del tipo “chicas tenemos que tomarnos las cosas como los tíos, ser más simples y pensar con las pelotas”. Pues ¿sabéis qué?: “Que les jodan motherfucker”. ¿Por qué? Porque yo disfruto de la relación 3 veces más. Porque cada vez que la rememoro en mi cabeza y se la cuento a mis amigas me lo paso pipa. Y aunque solo sea en mi cabeza me parece que soy súper especial. Que luego me llevo más chasco, ¿y qué? Ya vendrá otro. A lo mejor soy yo esa que acaba cambiando al tipo, porque lo de los 7 niños no lo veo nada claro, las cosas como son. Pero oye, que hay tipos muy despistados, que a todas nos ha pasado eso de ir a Zara, ver un vestido de la muerte y tardar un buen rato en darte cuenta de lo monísimo que es. A veces incluso has necesitado entrar varias veces a la tienda pero una vez en tu armario no te lo has quitado en todo el invierno. Pues eso os digo, que a disfrutar. Y que si queréis creerles bien, pero que si tenéis la intuición de que esta vez sí sois la mujer especial me parece muy bien. Lo más seguro es que os deis una buena hostia, pero mientras tanto os lo pasáis bien. Total las que realmente lo van a sufrir son vuestras amigas que tendrán que AGUANTAROS.

PD: aprovecho para dar las gracias a mis sufridisísimas amigas que se merecen unos tapones para los oídos y dos cajas de aspirinas. Por lo menos conmigo os ganais el cielo. Debe ser que, en el fondo, lo hago por vuestro bien.