Un día conocí a un chico que me dijo que no quería compromisos. ¿Qué hice? No creerle. ¿Por qué? Porque soy una tía.
Las
chicas estamos tan acostumbradas a dar rodeos, decir medias verdades, intentar
hacernos las duras que por mucho que nos lo digan claramente no nos lo creemos.
Estamos convencidas de que nosotras somos las que conseguiremos cambiarlo. ERROR!!
Asumámoslo,
cuando eres tan súper especial, los
tíos no son gilipollas y se dan cuenta ellos solitos. No te dejan escapar y sobre todo, son mucho más simples que
nosotras. No necesitan jueguecitos, si les gusta dejan que la historia fluya y
punto. ¿Que existe un caso de una tía a la que una vez un chico le dijo que
sólo quería rollo y acabaron casados y con 7 niños? Es probable, pero también
hay autobuses que atropellan a gente en los pasos de cebra y no por ello vivo
atormentada a morir aplastada por un gigante de la EMT cada vez que cruzo la
calzada ¿no?
Decirme,
¿cuántos chicos heterosexuales de 15 años conocéis con problemas por una
factura alta de teléfono? En el caso de las niñas de 15 son casi todas. A las
chicas nos encanta revivir cada uno de los momentos que vivimos junto al galán
de turno y nos ocurre desde la adolescencia. Con cada una de las relaciones que
he vivido debería de multiplicarse por lo menos por 3 el tiempo que les he
dedicado, respecto al de mi acompañante masculino.
Por
un lado, está el tiempo que empleo en la propia cita, por otro, el que gasto en
rememorarlo en mi cabeza que no es poco. Sobre todo al que más horas le dedico
es a analizar enésimas veces cada uno de los movimientos, palabras y gestos que
se han sucedido durante la cita para mis amigas. Lo cierto es que yo soy
especialmente pesada, soy consciente de ello. Para eso tengo un blog, así
alivio la carga de mis pobres amigas y unos desconocidos sufren de mis traumas
neuronales. En cualquier caso, incluso la más cuerda de las mujeres le dedicará
a la cita un 150 % más del tiempo que el hombre. Aun no lo han estudiado en Harvard pero os lo digo yo que soy igual de
sabia. El estudio dentro de nada estará en una revista mega científicamente
importante. Y si no, tiempo al tiempo.
Seguro
que ahora pensáis que os voy a decir algo del tipo “chicas tenemos que tomarnos
las cosas como los tíos, ser más simples y pensar con las pelotas”. Pues ¿sabéis
qué?: “Que les jodan motherfucker”.
¿Por qué? Porque yo disfruto de la
relación 3 veces más. Porque cada vez que la rememoro en mi cabeza y se la
cuento a mis amigas me lo paso pipa. Y aunque solo sea en mi cabeza me parece
que soy súper especial. Que luego me llevo más chasco, ¿y qué? Ya vendrá otro. A lo mejor soy yo esa
que acaba cambiando al tipo, porque lo de los 7 niños no lo veo nada claro, las
cosas como son. Pero oye, que hay tipos muy despistados, que a todas nos ha
pasado eso de ir a Zara, ver un vestido de la muerte y tardar un buen rato en
darte cuenta de lo monísimo que es. A veces incluso has necesitado entrar
varias veces a la tienda pero una vez en tu armario no te lo has quitado en
todo el invierno. Pues eso os digo, que a disfrutar. Y que si queréis creerles
bien, pero que si tenéis la intuición de que esta vez sí sois la mujer especial
me parece muy bien. Lo más seguro es que os deis una buena hostia, pero
mientras tanto os lo pasáis bien. Total las que realmente lo van a sufrir son
vuestras amigas que tendrán que AGUANTAROS.
PD:
aprovecho para dar las gracias a mis sufridisísimas amigas que se merecen unos
tapones para los oídos y dos cajas de aspirinas. Por lo menos conmigo os ganais
el cielo. Debe ser que, en el fondo, lo hago por vuestro bien.


