Mostrando entradas con la etiqueta Keira Knightley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Keira Knightley. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de noviembre de 2012

CUIDADO CON LO QUE DESEAS PORQUE PUEDE HACERSE REALIDAD


Siempre que veo a Rajoy me viene esa frase a la cabeza. 8 años soñando con la Moncloa, para llegar allí y ser su peor pesadilla. En el mundo hay gente que nace con estrella y otros estrellaos. El Sr. Presidente y yo somos de este segundo grupo. De los que cada vez que logramos un sueño, es a destiempo  o no era ni la mitad de molón de lo que parecía, como que ya no hace ilusión.
Yo por ejemplo desde que vi a Robert Pattison en una peli de Harry Potter le quise conocer. Cuando estrenaron la 3ª de Crepúsculo estuve con él, y los otros 2 del clan vampírico (Fotogramas). La mayor decepción de la historia. El hombre lobo de cuerpazo me hizo sentir un dragqueen. Mido 1,73 y llevaba tacones (a ver, ¿mediría 1.85 ese día?) pero no es razón suficiente para que un hombre lobo me llegue por debajo del hombro (igual exagero un poco). Bella estaba un poco calva (esto es 100% verdad) y Robert tenía los dientes feos. Ya es mala leche, con la de actores que hay en el mundo (que tampoco es un papel tan complejo) elegir para hacer de vampiro a un tipo con dientes feunos. Llegué a mi casa hundida, desolada. Cómo está el patio, pensé, si hasta los vampiro tienen los dientes feos, ¿qué me espera a mi en el mundo de los mortales?
Otro de mis grandes sueños, está todavía sin cumplir es irme de fiesta con Kiko Rivera. La idea de pegarme con unas cuántas chonis de tetas siliconadas a priori me da un poco de miedete. Estas tienen mala leche, no hay más que verlas en Gandía Shore, pero yo SÓLO voy en plan amiga que a mi Kiko ni con un palo. No te ofendas Paquirrín, pero es que yo respeto mucho a los padres de familia.

También he tenido sueños de a pie no os creáis, pero el resultado ha terminado siendo el mismo. Recuerdo mi amor viajero (por avión y metro). Lo vi por primera vez en Barajas, los dos cogíamos un vuelo con destino a Cancún. Bueno nosotros y 300 estudiantes más de CUNEF(como él) y de la Carlos III (como yo) de viaje de Ecuador. Por si hasta este momento no os habías dado cuenta, en mis sueños de felicidad absoluta suele haber algún elemento distorsionado. En este caso era chico. En mi cabeza PERFECTO, aunque para el resto de los mortales (por lo visto) era  lo más parecido a Farruquito con sobre peso, ojos azules y una patata en la boca. El caso es que me lo cruce en baño antes de embarcar y anuncie a mis amigas que había conocido al hombre de mi vida.
Como suelo conocerlo un par de veces al día no le dieron demasiada importancia. Pero cuando les dije de quien se trataba, se preocuparon pensando que ya estaba borracha, que haría un Melendi en el avión sin ni siquiera haber tomado aun ni un mojito…

Al volver a Madrid durante un mes y medio estuvimos coincidiendo todos los martes y viernes el mismo vagón de metro. Él dudo que me viese, probablemente estaba más atento de su bocadillo de chopped o del culo de la señorita de al lado. Pero yo estaba convencida de que era el destino. Se bajaba en Alonso Martínez para ir a Cunef, yo seguía para ir hasta Avda. San Luis donde hacía prácticas en Telva. Era todo tan romántico.
Por fin el día 5 de junio (mi cumpleaños) el sueño se hizo realidad. Estaba en Green celebrando con mis amigos y apareció él. Se acerco a mi, porque se había dado cuenta que era el amor de su vida, o ¿no?

El hechizo se rompió no era gilipollas, eso sería un cumplido. La patata en la boca (que tuvo que venir su amigo para hacerme de traductor), su camisa sudada (no te enseñaron en tu universidad de pago un poco de higiene personal), su pestazo a tabaco y whisky, la necesidad imperiosa por tocarme el culo, las ganas de llevarme a su casa sin ni siquiera haberme preguntado el nombre... Aquel tipo consiguió que yo, un pequeño pony que creía en príncipes azules, despertara para siempre como Dorothy lo hizo en Kansas, yo en la cruda realidad. Deje de creer en el amor, en los cuentos de hadas y finales felices.

Sabéis lo que os digo, ¿para que estar con uno sólo si puedo estar con todos? Total la decepción te la llevas igual.